atracón

Cecilia regresa a casa a las siete de la noche todos los días luego de sus clases universitarias. Va a su cuarto, prende el televisor y devora dos empanadas que compró en el camino de regreso a su hogar. Enseguida abre una bolsa grande de papas, se lleva un puñado a la boca, seguido de un vaso grande de coca cola, otro puñado más acompañado de la misma bebida, y así sucesivamente hasta acabarse toda la bolsa. Se da un baño mientras espera el delivery de una pizza tamaño mediana que espera con ansias. Solo piensa en ésta y en la película que verá mientras se da su festín. Terminada la película, repleta, unta mantequilla en un par de panes, luego, fatigada y con sudor, logra dormir.

Hoy Cecilia tiene 28 años, me cuenta contenta que desde hace tres años ha logrado superar sus atracones.

Durante seis años ella seguía esta rutina, parando un par de meses cada cierto tiempo para no subir tanto de peso (en vano), pero después regresaba la adicción. Las casi 5000 calorías de grasa mala que ingería a diario no se olvidaban de pasarle factura: indigestión, diarrea, dolores de cabeza, gases, nauseas y, fatiga física y mental, la acompañaron mucho tiempo. Aumentó además 25 kilos de peso.

La comida grasosa en exceso era su refugio, su calma ante el miedo y la ansiedad, una caricia ante el vacío de vida que sentía. A cortísimo plazo funcionaba, pero luego con esa autodestructiva actitud solo lograba triplicar sus males mentales y físicos.

DIFERENTE A LA BULIMIA 

El trastorno alimenticio por atracón se caracteriza por episodios de ingesta compulsiva y descontrolada de manera constante, donde la persona puede llegar a ingerir el doble o el triple de las calorías que se deben comer para sentir bienestar (2000 calorías aprox), según informa el Instituto Hospital del Mar de Investigaciones Médicas (España).

Los atracones tienen un gran parecido con la bulimia nerviosa, pero a diferencia de ésta, la persona no realiza conductas “compensatorias” como inducir el vómito o tomar laxantes para eliminar los alimentos.

Los síntomas más frecuentes para reconocer si tú o algún allegado están pasando por este problema son descontrol y excesiva rapidez a la hora de ingerir los alimentos, comer hasta estar incómodamente llenos, comer en solitario por vergüenza a la cantidad que se piensa ingerir, cambios constantes de peso, baja autoestima, y sentir, poca o mucha, molestia o depresión luego del episodio.

Tarde o temprano este trastorno desatará consecuencias letales para la salud física; como obesidad, enfermedades cardiovasculares, problema musculares y de columna por el sobrepeso, diabetes, hipertensión, riesgo de padecer infartos cerebrales, problemas con las menstruación, insomnio o lo contrario a éste.

ENFERMEDAD NINGUNEADA

Cecilia piensa que se debería informar más sobre este mal, pues cuando sus padres y amigos veían su comportamiento solo atinaban a pensar y decirle que era por golosa, por antojadiza, que con el tiempo le pasaría, que era un simple problema de personas con sobrepeso que en cualquier momento se deciden a hacer dieta.

En este sentido el profesor de Políticas de Salud de La Escuela de Medicina de Harvard, Ronald Kessler, explica que el trastorno por atracón ha sido ampliamente ignorado por los proveedores de atención de la salud, y que este hecho tiene como consecuencia un enorme coste para la salud física y el bienestar psicológico de las personas con la enfermedad.

La Organización Mundial de la Salud (OMS) también ha dejado ver su preocupación por lo desapercibido que pasa este asunto, tan común y tan grave, entre la comunidad médica y las personas en general. Los resultados de su último estudio “Trastorno por atracón”, realizado en 12 países de todo el mundo y con un total de 22.635 adultos encuestados, arrojan que esta enfermedad es dos veces más común que la bulimia entre los países investigados (EE.UU., Brasil, Colombia, México, Bélgica, Italia, Países Bajos, Irlanda del Norte, Portugal, Rumania, España y Nueva Zelanda ).

SALIDAS

Ceci encontró la solución a su problema con ayuda de su psicoanalista del Centro de Psicoterapia Psicoanalítica de Lima (CPPL), y con una buena amiga nutricionista. Al principio del tratamiento una de las cosas que le recomendó la nutriciocista fue sustituir sus atracones impregnados de mala grasa por muchos alimentos saludables.

Existen varias dietas para colaborar con este tipo de trastornos, como por ejemplo la Dieta de la Abundancia que recomienda la prestigiosa nutricionista Gillian McKeith en su bestseller “You are what you eat” (Eres lo que comes). En él Mckeith explica que existen una serie de alimentos que pueden comerse las veces que se desee a lo largo del día, cada vez que se tenga hambre o un ataque de ansiedad (además que son alimentos que realmente sacian, y con vitaminas y minerales).

La lista de McKeith incluye todas las verduras, menestras y frutas como mango, melocotón, plátano, palta, frejoles, garbanzos; así como tofu y pescado.

Pero en todo caso, siempre que haya un problema como este, o la sospecha de su existencia, lo mejor es consultar con especialistas, que le indicarán cuáles son los pasos indicados a seguir de acuerdo al diagnóstico.